| "El Origen de las especies" en Austral |
Recuerdo que por aquel tiempo, toda la editorial,
todos los días del año, dedicaba en pleno buena parte de su actividad a sacar
nuevos títulos de Austral y a reimprimir los ya editados. La Colección Austral,
pues, se encontraba a la vez en los despachos de los editores, al mismo tiempo
que en manos de los tipógrafos, linotipistas, en la sección de fotograbado,
estereotipia, impresión, encuadernación, expediciones, etc.
Donde se hacía más visible, donde había a veces una pleamar de australes era en la nave de encuadernación. Tarimas con cientos y cientos de tomitos de color violeta de Luces de Bohemia, junto con otras pilas de color verde de algunas obras de Unamuno, y separadas por un muro del último suplemento de la Enciclopedia Espasa, se encontraban las Poesías completas de Antonio Machado, limitando con la Ilíada de Homero o las Vidas Paralelas de Plutarco. Más allá, al fondo, escondidos tras los gruesos volúmenes de Los toros, de Cossío, y el Summa Artis, volvían aparecer más australes, en variada gama cromática, de Juan Ramón Jiménez, Cicerón, Baroja, Larra, Cervantes, Calderón, Lope, Kant, Hegel.
| Portada del n.º 749 de Ínsula. |
En los casi treinta años que trabajé en la editorial, como tipógrafo, monotipista, corrector de estilo, jefe de redacción de diccionarios, y por último como uno de los editores de la Colección Austral, y después, a partir del año de 1990, como profesional de librería de antiguo y viejo, siempre he tenido como compañeros inseparables estos entrañables tomitos de Colección Austral.
La primera vez que leí el Quijote fue en la edición de Austral, tenía diecisiete años, y lo tecleé letra a letra para hacer una nueva impresión para esta colección, pues los tipos estaban ya muy machacados de tantas reimpresiones. Recuerdo que me gustó muchísimo, e incluso una vez que daba la hora de salida me llevaba el pliego que estaba componiendo y lo seguía leyendo en el metro. Así que cuando vi de nuevo impreso este Quijote sentí algo muy especial.
Como corrector de estilo me leí unos cuantos australes, con verdadera devoción, poniéndoles algún topónimo al día, quitando alguna errata, tratando de mejorar alguna traducción, eliminando alguna mayúscula clasista de esas que se ponían a los condes, generales, obispos, etc., siguiendo en este sentido el criterio de José Fernández Castillo, mi padre, también corrector de estilo de esta editorial, en sus Normas para correctores y compositores tipógrafos, precursor en cierta forma de los actuales manuales o libros de estilo al que copiaron algunas cosas sin citarlo. También dediqué largas y plácidas horas a escribir muchas de las solapas de la misma colección.
| Pág. 1 del artículo en Ínsula. |
| Pág. 2 del artículo en Ínsula. |
Hoy, desde mi apartada librería en el Madrid Medieval, sigo vendiendo libros de la vieja Colección Austral, muchos de cuyos ejemplares quizá salieron de aquellos talleres por los que yo anduve siendo aprendiz en la calle de Ríos Rosas.
Mario Fernández González
Publicado originalmente en Insula -749. Revista de letras y ciencias humanas / Mayo 2009